diumenge, 17 de març del 2019
La ciudad de los prejuicios
dijous, 7 de març del 2019
El perro de los Vázquezville
Avui han passat moltes coses al món. Tantes com moments i persones hi ha. El feix de moments que jo he acumulat en vint-i-quatre hores es resumeix en unes quantes vivències més que m’endurè a la motxilla dels sentiments, a les pàgines de les meves ficcions o a la tomba. El secret de sumari em limita, la posició em limita, el vidre a través del qual em veu la gent, em veus tu, em limita, i fins i tot em pregunto què és el que faig escrivint altre cop sobre la meva vida, però es que un escriptor sempre i mai ha d’escriure-hi.
Allà, a l’estratosfera de la societat, es jutgen persones perquè els polítics no han estat suficientment honestos per entendre’s entre si. Se m’ennuega la paraula: polític, polític, “pulític...”. Per poc honestos i perquè no son capaços de matar els adversaris. Si no, flipariem.
<<Cenyeix-te a la ficció, Carlos. No caiguis altra cop en el parany>>.
Al comptador, avui, consta una altra Organització Criminal desarticulada per policies sense cara i sense ulls. Policies amb una veu robòtica que arriba a través de les ràdios i dels missatges de Whatsapp que ara es fan servir més que les ràdios. Els dolents, a l’infern, i al voral del camí que hi queden les restes humanes, les ossamentes corvades de la pòlio, els nusos amb greix als cabells que hi manquen: i sense dents i sense llum als ulls. Queden aquells que son queviures per les maquinàries econòmiques que sustenten el crim organitzat. Si li sembla despiadada i impersonal l’adminsitarció, senyora Carme, no vulgui veure mai com comercien els dolents de debò amb l’envà nasal del seu marit, les venes del seu germà o la vagina de la seva filla.
Allà ha quedat quan ens enduiem els seus amos, com si es tractés d’un gos. Un gos sense dents, prim, amb la pell grisa i, ja ho he dit, sense llum als ulls. Un gos enganxat a la heroïna que li proporcionen els trenta-cinc euros al dia que li donen per ocupar-se de tot plegat, seguretat inclosa. Ven d’ell mateix el que no ha tingut mai, potser, “seguretat”. Avuí, en el meu món, han estat trenta-cinc euros al dia i una rulot aparcada a la parcela d’una casa il·luminada només per fora, demà, davant els teus ulls, potser siguin vint per una mamada, cinc-cents per un permís de residència o mil euros per una pallissa.
El resum del dia, però, és que l’estratosfera només ens fa de mirall a tots nosaltres. I que si es tracta de parlar en termes científics, l’infern no està a cap altre lloc que al nucli.
Mira’t.
dimarts, 19 de febrer del 2019
There's a shadow hanging over me
Si me dieran una peseta por cada vez que he escuchado una canción de los Beatles, tendría seguramente para un polín de los gordos, alguna nube de a duro y poco más. Pero un día vas de camino a casa y el hijo de la gran puta del pincha de una radio de barrio sabe que tienes jodido el MP3 del coche y te habla a ti, oh, sí, ey... sé que estás ahí... (sabe que estás ahí), y resulta que tiene a bien ponerte, quizá porque se lo haya prometido al último ligue que conoció el domingo en una de esas discotecas para sesentones (los sesenta son los nuevos cincuenta) esa de “Yesterday”, la famosa. Yo no entiendo el inglés. Yo soy inglés nivel medio, como todos los españoles. Yo leo el inglés y me entero de la mitad, lo escucho y no soy capaz de decir ni de qué iba la película. “Ve series en inglés, así aprendes”, ¿y yo para qué quiero aprender inglés, si no me gustan los Beatles? “Pues para viajar”. Pues cuando viajo no quiero que me molesten; ni en inglés ni en ningún idioma.
Yesterday...
all my troubles seemed so far away...
Algo sobre ayer y sobre unos problemas que estaban “far away”, eso es lejos, lo aprendí en la primera de Shrek. Pero la puta música del sesentón discotequero “oh, ey, amigo, sé que estás ahí...” me golpea la amígdala. Una y otra vez, con palabras que cazo al vuelo y la melodía se encarga de dotarlas de todo el sentido del mundo. Son las cuatro de la tarde, esa hora en la que si fuese domingo el mundo (el mío) estaría entrando en ese estado de ensueño que poco a poco desemboca en la rutilante tarde amarilla del domingo. Recuerdo cuando proyecté mi vida y me escapé de José María García porque odio el fútbol, señores: odio el fútbol. ¿Cuántas veces más habré huido? Mil. Primero de José María García, luego de otros compromisos de la semana. ¿”I bilieve un Yesterday?”, ¿cómo va a ser eso?, ¿qué coño...? Creo en el ayer. No se puede creer en el ayer porque el ayer no es un credo ni una homilía ni una letanía. El ayer no está en la Biblia ni en el Corán. “Pienso en el ayer”, será. Dudo de mis conocimientos. Dudo de mi inglés. Dudo de lo que hace dos segundos, antes de escuchar al maldito Lenon, creía que sabía. ¿O McCartney? Ya no sé ni quién cantaba en los Beatles, ¿veis? Todo mi mundo se ha venido abajo.
“Oh..., ey... amigo... si te ha gustado Yesterday, ésta es tu emisora. Hemos venido a joderte la tarde...”
diumenge, 10 de febrer del 2019
El corazón relator
dissabte, 2 de febrer del 2019
Corazón tan Franco
A alguien le hubiera
ido muy bien que no quisiera saber, pero he sabido que España, antes de ser España;
la España cosmopolita de los especiales de Totalán, de las manadas que corren
delante de los toros y detrás de las mujeres y de los desahucios de las once en
4K, magdalena y iPhone X en mano, antes, fue un país pobre, necesitado y con
hambre por las esquinas.
Quién iba a
imaginárselo, ¿eh? Tan modernos que somos ahora. Y ojocuidao’, que ser moderno
ahora no era como ser moderno antes. Antes, cuando mis padres tenían mi edad,
ser moderno era ser de izquierdas. Mínimo del PSOE. Hay (o había) gente en mi
barrio que manejaba discursos altamente contradictorios: se quejaban —yo les
oía tomando una Fanta los domingos en el bar— de esto y de aquello…, pero al final… te votaban a Felipe, que no llevaba
muy bien unas cosas, pero sí llevaba bien otras. ¿Ven qué bien he salido del
paso? Luego Felipe, que decía mi abuela que era “el de los pobres”, te pactaba
con Anguita, buscaba puntos de encuentros por dios y por la patria con
Alianza Popular, los vascos… los catalanes… azúcar o sacarina en el café y ya
estaba todo el pescao’ vendido. Todos contentos. Así, amigos; esto, señores,
era más o menos la política postransición que yo veía entre Bola de Drac y la
Bola de Cristal las tardes que me sentaba en la mesa camilla a merendar
mientras mi madre cosía en el cuarto de al lado. Todo sumergido. Deténganme ya,
estoy confesando.
¿Y antes? Pues antes
tuvieron que llegar aquí mis abuelos. Soy un pesado con la historia de mi
familia. ¡Pues como todas! Es verdad… pero ¿y si no hubieran venido a parar a
Barcelona? Pues si no hubieran venido a Barcelona, seguramente, por generación,
les hubiera tocado irse a Alemania. Allí, a robarle todo a los alemanes, como
hicieron en los sesenta dos millones de españoles. DOS MILLONES DE ESPAÑOLES.
2 de febrero de 1963
Días antes, Ángela se
había imaginado todo aquel escenario diferente. No muy diferente, porque ya
había estado alguna vez en la estación, pero imaginaba, eso sí, menos gente,
menos ajetreo, menos bullicio… Imaginó, sin ir más lejos, tener tiempo de despedirse de su padre y
de su sobrino Zacarías. Pensó incluso unas escuetas palabras que decirles a los suyos desde lo
alto del vagón: “Me voy para traer la fortuna a esta familia, como haríais
cualquiera de vosotros si estuvierais en mi lugar”, algo así. Y su hermana,
al lado de su marido y del pequeño Zacarías, se acariciaría la
barriga y se secaría una lágrima. Su padre la besaría con las manos vacías de enseres y el
alma llena de pena. Le hablaría de su madre porque él siempre le
hablaba de su madre para mantener vivo el recuerdo. Es lo que le dijo el cura
que tenía que hacer hasta encontrar alguna mujer casadera, si es que la hubiera
en el pueblo para un hombre de campo como él. Y partir lentamente mientras
rememoraba un poco los veinte años de vida que dejaba atrás en Villaloquesea de Nosédónde. Pero
qué va. La riada de gente en los andenes hizo que la policía no dejara entrar a
la estación más que a los que partían. Un billete caducado que le prestó un
paisano en el quiosco de la puerta es lo que le sirvió a su padre para entrar a
ayudarla con la maleta. La gente dormida en el andén. Vidas aún menos
agraciadas que aguardaban hacía días a que el borreguero les sacase de España
en busca de un futuro mejor. En la maleta: las mejores ropas para presentarse
donde fuera, recatada y obediente. En el bolsillo una dirección de un barrio de
Núremberg que no sabía ni pronunciar.
![]() |
| Emigración años 60, España. Imagen extraída del diario El Mundo |
| Fotografía de TRAVL MAGAZINE |
| Imagen de archivo de la Universidad Complutense de Madrid |
No sóc català, sóc normal
Abstract El text exposa la idea que el català està en risc, partint de l’ideal en clau sociològica del que es percep c...
-
Guiñar un ojo a alguien no es malo. Es un acto socialmente aceptado. Un gesto que hacen los tíos a los sobrinos cuando les dan u...
-
Introducció: A mesura que he anat avançant en la matèria d’Antropologia Social i Cultural, per la meva manera d’entendre les coses, he inten...
-
A alguien le hubiera ido muy bien que no quisiera saber, pero he sabido que España, antes de ser España; la España cosmo...
